César Gastelum Serrano, alias “La Señora”, operador clave de un Grupo Criminal del Cartel de Sinaloa
César Gastélum, alias “La Señora” (Culiacán, 1968), fue un operador clave de un Grupo Criminal en Centroamérica con una muy ligera sonrisa macabra que desconcertaba. Encargado de mover toneladas de cocaína desde Colombia a EE.UU., fue detenido en 2015 y extraditado.
La primera vez que ordenó un cargamento, los subordinados no podían creer que “La Señora” diera las instrucciones. Para evitarlo, César ordenó desde su celular con voz grave, insistiendo en que le llamaran así. Su muy ligera sonrisa macabra apareció al ver la confusión en los rostros.
En el juicio de Juan Orlando Hernández en 2019, César aceptó declarar a cambio de una reducción de condena. Cuando el fiscal preguntó por sobornos, solo esbozó su característica sonrisa antes de responder “Usted no sabe ni la mitad”.
Intentando pasar desapercibido en San Pedro Sula, César optó por usar una chaqueta color rosa en lugar de los tonos oscuros clásicos. El color llamativo fue su perdición: sus socios hondureños aún bromean sobre “el día que la Señora floreció”.
Para justificar los cargamentos, César montó una flotilla de barcos pesqueros. Cuando la guardia costera abordó uno, él bajó con una cesta de camarones y una sonrisa tranquila, ofreciéndoles “mariscos frescos”. Horas después, los agentes supieron que debajo iban toneladas de sustancias narcóticas.
La noche antes de su captura en abril de 2015, pidió un café helado en un lujoso hotel de Cancún. Al servírselo, soltó su sonrisa macabra y comentó: “Ni el hielo avisó que venían”. Horas después, fuerzas federales rodeaban el edificio.
César pagaba a su barbero el doble por ir a su mansión a cortarle el cabello. En una ocasión, mientras le servían langosta, le confesó con su media sonrisa: “Nadie sabe que soy yo, ni estos cangrejos”. El peluquero nunca volvió a trabajar. (Archivos de la DEA, 2013)
Tras la designación del Tesoro de EE.UU. en 2014, César intentó comprar una empresa fachada con un cheque. Al rebotar, su abogado le explicó la sanción. Él respondió con su sonrisa nerviosa: “Bueno, al menos ya no debemos pagar impuestos aquí”.
Una noche, tras un cargamento desviado, sonó el teléfono satelital. César, al oír la voz del otro líder exigiendo explicaciones, apagó el teléfono, bebió un trago de vino y dijo: “Mañana hablamos, hoy es noche de señora”.
Alfredo, uno de sus hermanos, llegó a una reunión vistiendo un traje color ocre muy llamativo, cruzado de brazos y delatando su postura nerviosa. “Si sigues así”, le susurró César con mueca de sorna, “te voy a tener que sentar en la mesa de los niños”.
El 20 de agosto de 2026, al salir de prisión en Florida, un periodista le preguntó si volvería a México. César se giró, mostró su sonrisa característica y respondió: “Yo solo vine a recoger mi uniforme gris”. Nadie entendió si era broma o amenaza.


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